Retomar la ofensiva implicará hacer ajustes en nuestras fuerzas

Entrevista con Fernando Bossi, director del Portal Alba y de la Escuela de Formación Política Emancipación

Portal Alba: ¿Cree usted que hay un repliegue de las fuerzas progresistas en América Latina y el Caribe? ¿Se agotó el ciclo de ofensiva popular?

Fernando Bossi: Lo que creo es que hay, por un lado, una fuerte ofensiva del imperialismo yanqui y sus aliados sobre nuestra región, y también, por otro, la verificación de límites concretos en los proyectos nacionalistas sin perspectiva socialista encarados en algunos de nuestros países. No es casual, que aquellos gobiernos con proyectos encorsetados en los marcos del capitalismo autónomo, como los casos de Brasil y Argentina, y antes Paraguay y Honduras, fueron los que se perdieron, al menos por ahora.

Daniel Ortega acaba de ganar unas elecciones en forma contundente, Bolivia sigue avanzando bajo la conducción de Evo Morales, la Venezuela Bolivariana resiste ante la feroz ofensiva imperialista, dando a su vez señales de incipiente recuperación, en Ecuador, Alianza País, se prepara para las próximas elecciones con muchas posibilidades de continuar el camino de la Revolución Ciudadana, y El Salvador, con el FMLN en el gobierno se mantiene, enfrentando intereses poderosos pero con el pueblo organizado. A esto no hay olvidarse de Cuba, siempre digna y reafirmando su vía socialista.

Hay, como en todo proceso de lucha, avances y retrocesos. Pero de ahí a afirmar que el ciclo está agotado es otra cosa, es una posición derrotista, cuando no traidora. Decía Bolívar que “El soldado bisoño lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez…”. Hay algunos analistas que asumen la posición del “soldado bisoño”.

PA: ¿Y por qué dice que no es casual que los retrocesos hayan sido en Brasil y Argentina?

FB: Porque ambos gobiernos, con Lula-Dilma uno y los Kirchner en otro, gobernaron con el fin de imponer un capitalismo nacional, un modelo capitalista autónomo, respaldándose o creando “desde arriba” una burguesía “nacional”, una burguesía argentina o brasileña que sirviera de musculatura económica al desarrollo independiente del país. Esto impuso límites concretos a lo que tendría que ser un verdadero proyecto de liberación nacional. Si bien ambos gobiernos, en casos puntuales, confrontaron con el imperialismo y sus aliados, no tuvieron o no quisieron movilizar al pueblo para abrir canales de participación y protagonismo más directos y decisivos. La movilización popular, que implica discusión, involucramiento y toma de conciencia, brilló por su ausencia, el proyecto se desdibujó y esta debilidad fue aprovechada por la reacción para ganar posiciones estratégicas.

PA: ¿Hubo miedo a la movilización?

FB: En muchos casos creo que sí. Sabemos que cuando el pueblo se moviliza y lucha directamente contra los enemigos de la Patria suceden cosas impredecibles, que pueden trascender esos límites antes planteados. Los proyectos en busca del capitalismo autónomo temen a la clase obrera, en última instancia son proyectos burgueses, de signo progresista en cuanto en algunas instancias confrontan con la injerencia imperialista, pero incapaces de trascender sus límites de clase.

PA: ¿Y eso no sucede con los otros gobiernos progresistas?

FB: Cada uno de ellos tiene distintas características, pero en general tanto Ortega como Maduro, Evo, Sánchez Cerén y en parte Correa, han apelado a la movilización permanentemente. El solo hecho de que el horizonte planteado por estos gobiernos se ubique más allá de un modelo capitalista autóctono, permite un mayor protagonismo popular, como también un más profundo nivel de debate en el seno del pueblo. Eso hace que sus procesos estén más sólidos, y que de alguna forma puedan diseñar sus políticas más despegadas de la lógica empresarial burguesa.

PA: Según usted ¿puede el movimiento popular retomar la ofensiva en esta etapa?

FB: Sí, creo que sí. Soy optimista en este aspecto. Pero también debemos de entender que retomar la ofensiva implicará hacer ajustes en nuestras fuerzas, contemplando asimismo la situación objetiva mundial y el nuevo posicionamiento del imperialismo de acuerdo a las contradicciones que se van dando en el escenario planetario.

PA: ¿Cuáles piensa usted que son los ajustes a realizar en las fuerzas populares?

FB: Primero considero que es necesario poner en el primer plano el rol que jugará la clase obrera en esta lucha. Por más que muchos me consideren un dinosaurio en este aspecto, sigo afirmando que no hay posibilidad de avanzar hacia el socialismo sin el protagonismo fundamental de los trabajadores. Entiendo que los trabajadores siguen siendo el sujeto histórico de la revolución latinoamericana y mundial. Más allá de los cambios que se han producido en las últimas décadas a nivel tecnológico y productivo, la creación de riquezas a nivel mundial sigue siendo obra exclusiva de la clase obrera y los trabajadores en general, por lo tanto la organización del proletariado en partido de clase, que conduzca al resto del pueblo en la lucha contra el imperialismo y el capital, sigue siendo estratégica. Cuando por diversos factores, obviamos esta cuestión, perdemos la visión del socialismo, minimizamos la lucha de clases y desincorporamos a nuestro bagaje ideológico la tradición y experiencia de luchas más importante con que cuenta el movimiento popular contemporáneo.

Entonces, teniendo en cuenta esto, debemos retomar las acciones conducentes para contar con fuerza política organizada de clase, dispuesta a confrontar en todo momento con los representantes del capital, y conscientes a su vez que, si en etapas determinadas es necesario hacer alianzas con otros sectores y clases en función de abroquelar fuerzas para enfrentar al imperialismo, que esto no implique perder el perfil socialista ni arriar banderas. No podemos ser socialistas y después diluirnos en el movimiento de liberación nacional sin objetivo propio, dejando la conducción a aquellos que sabemos que, por naturaleza de clase, sea burguesa o pequeño burguesa, terminará claudicando o nos conducirá a la derrota por miedo o vacilación. Los socialistas, la organización política de los trabajadores, en nuestros países dominados por el imperialismo, tendrán que luchar incansablemente contra él y sus aliados, levantar las banderas del patriotismo revolucionario y la democracia popular en el seno del pueblo, poniendo ejemplo, disciplina y sacrificio en esa lucha…

PA: ¿No cree que los gobiernos progresistas actuales encaren esa lucha actualmente?

FB: En parte sí, pero con muchas limitaciones, con muchas ambigüedades. Insisto que es necesario un mayor protagonismo de la clase obrera y los trabajadores, y para que esto sea así los trabajadores deben estar organizados políticamente, con estructura propia, independiente de los Estados oligárquicos que aún no hemos podido transformar.

PA: Pero los gobiernos controlan el Estado…

FB: Solo en una pequeña parte. Esa tarea, la de transformar el Estado, tal vez sea la más complicada, que implica una revolución a fondo, mucho más traumática y engorrosa que la simple toma del poder. Los gobiernos progresistas de la región han llegado al ejecutivo a través de elecciones populares y han intentado, al abrir procesos constituyentes, de acomodar las leyes y las reglas de juego institucionales de manera más viable para facilitar los procesos de cambios, pero con límites concretos. Los Estados “nacionales” modernos en América Latina se conformaron para reproducir la situación de dependencia de los países imperialistas, y estos Estados han sido los heredados por los gobiernos progresistas, con una serie de mecanismos muy consolidados en función de privilegios, prerrogativas y funciones específicas siempre en beneficio de los sectores dominantes.

Es por eso que muchas veces vemos a funcionarios, antes militantes populares, que una vez que son designados para asumir cargos públicos, se distancian de los intereses del pueblo para asumir actitudes de burócratas consumados.

PA: ¿Y cómo se resuelve esa situación tan común en algunos gobiernos progresistas?

FB: En principio con la fiscalización popular y el control del Partido o la organización política de los trabajadores. De ahí que el Partido o la organización política de los trabajadores deba mantenerse independiente del Estado, como fuerza de conducción, dirección y control del proceso revolucionario y el gobierno. El Partido debe promover funcionarios, pero una vez que estos sean funcionarios deben cesar de sus cargos directivos en el Partido, para poder ser fiscalizados permanentemente. Lo que ha pasado y pasa actualmente es que los miembros del Partido son a su vez miembros del gobierno, entonces los controles fallan y se distorsiona todo.

La clave está en que el Partido o la organización política de los trabajadores, debe de ser un modelo de organización, de ética y disciplina, porque si el Partido carece de esas atribuciones no estaremos en condiciones de barrer con los Estados heredados de las repúblicas oligárquicas. De ahí la importancia de la organización política de los trabajadores, que son en la sociedad capitalista, quienes más conocen sobre la producción, la planificación interna, el trabajo asociativo, la cooperación y la disciplina…

PA: ¿Y los movimientos sociales?

FB: Los movimientos sociales son los principales aliados de la clase obrera. Son trabajadores en general, por lo tanto son parte de la clase laboriosa, del proletariado. Los campesinos, los profesionales y técnicos, los pequeños productores y comerciantes, los transportistas… muchos de ellos ahora proletarizados. Incluyo en esto a los estudiantes –que en su gran mayoría no son otra cosa que futuros trabajadores–, la gran mayoría de las mujeres –trabajadoras de doble o triple jornada más de las veces-, y también todos aquellas organizaciones que representan intereses sectoriales no reconocidos por el bloque imperialista oligárquico, como por ejemplo los indígenas, los afroamericanos, los movimientos de diversidad sexual, los movimientos ecologistas, de derechos humanos, de desocupados, etc.

El frente antiimperialista debe contener a todos estos sectores, incluyendo hasta organizaciones del empresariado verdaderamente nacional, pero el núcleo, la cabeza, la conducción, la vanguardia, debe recaer en la organización política independiente de los trabajadores, quienes junto a los militares patriotas y revolucionarios deberán constituir una alianza estratégica de largo plazo para asumir la doble tarea de destruir el orden oligárquico y dependiente –incluyendo el Estado heredado– e ir construyendo la independencia y la Patria socialista.

PA: ¿Los militares…?

FB: Si, sin duda. Los militares y los trabajadores en armas. No hay revolución sin pueblo armado. El ejemplo de Venezuela es el más importante… ¿Cree usted que si no fuera por los militares patriotas bolivarianos se podría mantener la Revolución venezolana? Pero ese es otro tema para debatir profundamente.

 

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